2 de abril de 2009

Historia Natural del Pez escribano

Anota Oso, siempre a destiempo:
El pez escribano grande asienta el predominio de su voz sobre la del pez mediano. Suele así, a veces, anularla. No por maldad, sino por naturaleza, ya que el predominio es su normal modo de seguir respirando.
El pez escribano mediano, por su parte, asienta el predominio de su voz sobre la del pez chico. Tampoco por maldad, sino por naturaleza, como ya se dijo.
La taxonomía enseña a su vez que hacia ambos extremos de la cadena siempre hay un pez escribano más grande y más sonoro y otro pez más chico y menos sonoro. En todos los casos, la jerarquía de predominio es impuesta por su voz, a cuyo singular cultivo dedican el esfuerzo común de sus días. Los anima el ejercicio de la sobrevivencia y una convicción instintiva que habla de la redención del eco en la eternidad y de otras cosas falaces.
Lo curioso de esto es, sin embargo, que el destino final de todos los peces escribano -gigantes, grandes, medianos, pequeños, enanos- consiste en terminar silenciosa y parejamente fritos en la misma negra sartén del tiempo.
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31 de marzo de 2009

Escritores

Anota Vargas Llosa en la página de un artículo sobre Jorge Luis Borges:
Lo vi (a Borges) muchas veces (...) y hasta lo tuve en mi casa varias horas la última vez. Pero en ninguna de aquellas ocasiones sentí que hablábamos. Ya sólo tenía oyentes, no interlocutores, y acaso un solo mismo oyente (...) ante el cual iba deshilvanando un curioso, interminable monólogo...

Anota Julio Ramón Ribeyro en una de las páginas de su diario personal, sobre Vargas Llosa:
Mario Vargas Llosa a almorzar en casa. Uno de los tantos encuentros esporádicos, en los últimos años (...) Difícil comunicación. En MVLL hay una afabilidad, una cordialidad fría, que establece de inmediato una distancia entre él y sus interlocutores. Noté esta vez, además, una tendencia a imponer su voz, a escuchar menos que antes...

Anota Oso Naranja en un post de sus Notas Solas, sobre las anteriores notas:
Uhmm...
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29 de marzo de 2009

Colgando de un árbol, a quince metros del suelo

No hagas tal fuerza porque te oigan
yo te cedo mis dedos, mis ramas
E.A. Westphalen
Tanto tiempo gritando vanamente por una ayuda que no llegará ni tarde ni temprano, me figuro que al principio no pensaste que cosas tan absurdas como ésta de quedarse colgando de un árbol ocurrieran así porque sí, sin que uno las busque ni piense en ellas y simplemente ocurrieran como te ocurrió a ti: paseando sin ganas por un parque público y encontrando de pronto un nido de gorrión tirado en el suelo, sintiendo una incauta piedad ecológica diciéndote que sería bueno salvar el nido asegurándolo en la rama superior del árbol más alto, mirando vergonzosamente a los costados por si los curiosos, decidiéndote al fin, feliz de estar con los jeans de casa y no con la falda gris de ir al trabajo, esa que no te hubiera dejado hacer lo de trepar al árbol y mucho menos quedarte ahí colgando de manos a quince metros del suelo.

27 de marzo de 2009

Página en blanco

Intento escribir algo. No puedo. Ya es una semana de sentarme frente a la máquina, escribir unas letras, repetirlas, verlas en la imagen del recuerdo y luego perder las horas como se pierde un lapicero azul o un cuadernillo de viejas direcciones. ¿Por qué esta terquedad de sentarme a escribir si sé que no podré articular una docena de palabras sin que el bichito sin nombre me ponga otra vez a soñar, abstraído del mundo por completo? Ahora pensaba en una película de Salgot, Mater amatisima, el drama de una madre que por tratar de conectar con la realidad a su pequeño hijo autista termina identificándose tanto con él que queda atrapada en un mundo similar al suyo. Ahora pensaba en la imagen del pequeño autista de los ojos idos, imaginaba verme en su reflejo, imaginaba que en sus pupilas tal vez yo lograra ver una luz del otro lado, una rendija entreabierta que me diera la noción de otro espacio y tiempo, un lugar donde a veces caigo y no sé recordar ni reconocer nada, no sé... Estoy confundido, y no es para menos, no todos los días se sorprende uno abstraído y estático frente a su máquina, con el anular izquierdo en la E y el índice derecho en la K, en la misma disposición de sus dedos de cuando intentó escribir las primeras letras de algo, cinco horas antes. Es ridículo, pero cierto. Me senté frente a la computadora a las 3 y 15 (lo recuerdo claramente porque en ese momento oí a la hija adolescente de mi vecina anunciando a gritos la hora en que salía, quedando en regresar cuatro horas más tarde). Supongo –no podría asegurarlo- que cerré las ventanas para conjurar la bulla, puse algo de música en el ambiente, me acomodé en mi silla y me dispuse a escribir, cuando me picó otra vez el bichito sin nombre del soñar despierto. Lo cierto es que la hija de mi vecina ya debió regresar hace rato, y yo vuelvo los ojos al reloj de la pantalla y compruebo con estupor que son las 8 y 25. ¿Qué hice cinco horas sentado en este sillón y con mis dedos en los cuadrángulos E y K del teclado? No lo sé. Quizá estuve quieto, inmóvil, como petrificado, viviendo en otro lado ese sueño que tantas veces intento recordar y nunca puedo lograrlo. Quizá abandoné mi cuerpo, o quizá me subsumí tanto en él que conseguí olvidarlo. No lo sé. Últimamente me sucede siempre lo mismo cada vez que intento escribir algo. ¿Le echarè la culpa al bichito sin nombre como otras veces?. Primero eran tiempos breves, espaciados, y ahora son largos trechos de vacío, lagunas ajenas a la realidad donde queda mi cuerpo, cansado, maltrecho, y mi real yo se pierde en algún sitio que desconozco, que ignoro, pero que me persigue como el mal recuerdo de un sueño, un sueño que me amodorra y envuelve y abraza cada vez que me siento frente a mi máquina para intentar escribir algo. ¿Pensaré que el bichito sin nombre pueda ser la llave que abra la puerta que nos oculta el otro lado?
Bueno, al menos ahora logré articular más de una docena de palabras antes de que el bichito sin nombre me ponga otra vez a soñar, abstraído del mundo por completo.
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25 de marzo de 2009

Racista

-
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Pelota dice: Era tan racista que, para él, el quechua no era un idioma, sino un indioma.
Oso dice: ¿Si?, uhm… ¡qué indiota!

23 de marzo de 2009

Perros color de Luna

“a lean and evil mob of
mooncoloured hounds”
J. L. Borges.
Poco a poco había ido apartándose del mundo, que le parecía abyecto, cruel y salvaje, y terminó viviendo como un ermitaño de la ciudad, encerrado en su cuarto de pensionario de la calle Berlín, al costado del Embassy Room, donde se desnudan y dan licencia sobre sus cuerpos a cambio de dinero ciertas mujeres. En realidad, nadie en esa anónima ciudad que minuciosamente repelía lo extrañó ni echó de menos cuando inició su reclusión voluntaria, y casi nadie reparó siquiera que su figura delgada y taciturna ya no se deslizaba como una sombra por entre los afilados escritorios y las rumas de expedientes del hacinado juzgado laboral donde trabajaba. Quizá, en un momento de repentina lucidez, algún caritativo excompañero pensó alguna vez que el delgaducho asistente del secretario del 16 juzgado laboral que su mala memoria vagamente recordaba, había sido sólo un sueño de su imaginación trasnochada; o quizá la vendedora de café -menos piadosa- concluyó que su mudo cliente del pasillo seis había terminado por desaparecer de tan delgadito que era el pobre. Lo cierto es que su mínima presencia jamás incitó a la memoria, y la definitiva tarde de abril en que traspuso el amarillo umbral de su cuarto de pensionario, forzando bajo el brazo el peso de lienzos, pinturas y bastidores, decidido a prescindir definitivamente del mundo, éste ya había prescindido hacía mucho tiempo de él. No lo dominaba un afán solipsista, sin embargo. Tampoco una pasión mística ni el pavor a la ciega multitud (aunque lo sentía). Su propósito, menos solemne, algo tenía de estético, pero más de visceral: se sabía pintor.

21 de marzo de 2009

Sueño de dos enemigos

Dos enemigos, A y B, se enfrascan en una pelea. A es malo y B es bueno. A, el malo, aflora un arma y apunta su oscuro cañón sobre el pecho de B, el bueno. Lo tiene dominado. Como malo que es, está decidido a matarlo. Sin embargo, de pronto, un hecho fortuito (un terremoto, un accidente, un derrumbe), cambia la suerte de los contrincantes y pone en desventaja al malo. Colgado de la terraza de un décimo piso (peleaban en la azotea), A siente peligrar su vida. Pero B, el bueno, acude en su ayuda, le ofrece el brazo salvador y lo levanta. El malo se desconcierta: “Yo no te habría ayudado, soy tu enemigo”, dice sorprendido: “¿por qué lo hiciste?” B, el bueno, se da vuelta, sonríe, levanta el arma que ha recogido. Dice: “Para tener el placer de ver el fantasma de la desilusión dibujado en tu rostro”. Y dispara.

“Los dedos de la suerte son menos vengativos que los de la propia mano”, dice Oso al terminar de transcribir en su Bitácora un nuevo sueño. “Y la pistola de la desilusión mata dos veces”, añade.
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19 de marzo de 2009

DayClub

Son sus miembros algunas de las diversas criaturas nocturnas que la tradición ha condenado a no disfrutar los placeres del día. Pueblan la lista de miembros del DayClub: vampiros, hombres-lobo, momias penantes, aparecidos, jarjarias y otras criaturas de la noche que, bajo el amparo del sol, trasdían hasta altas horas de la tarde y hasta anochecen sin descanso, en abierta rebeldía a la rancia tradición de sus estirpes.
Su local es el más amplio de todos los clubes: el aire libre y claro. Su membresía: una mancha blanca de prontuario. Son vistos por sus congéneres con recelo, con rencor, con miedo. Su mala reputación ahuyenta a las familias y es motivo de verguenza para algunos atribulados padres.
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17 de marzo de 2009

Notas Sueltas

Pobrecitas las notas sueltas que el guitarrista deja caer mientras se esmera en afinar su instrumento, pobrecitas ellas. Desperdigadas en el salón de ensayo, abandonadas al azar del desconcierto, su momento de gloria explota en la ominosa soledad del tanteo. Lejos del orden familiar en que se organizan sus hermanas -las notas plenas, llenas de la apoteosis de las partituras y las calculadas escalas de la canción completa-, las notas sueltas, pobrecitas, nacen en el caos y se debaten en la indiferencia, regalando lo mejor de sí mismas a su único auditor y creador, floreciendo briosas, saltando, brincando, subiendo y bajando, haciendo maromas, animadas siempre con la vana esperanza de terminar por fin y al fin, un día, con la incomprensión de su eterna sinfonía inconclusa.
Pobrecitas mis Notas Solas, también, pobrecitas.
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15 de marzo de 2009

SinestesiOso

..
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Pon tu mano en mi panza y mira cómo suena:
¡Rico!

13 de marzo de 2009

Un poquito zonzo

Un poquito zonzo, dicen todos, pero también un poquito listo, digo yo, ahora que por fin me he librado del múrcido y puedo regresar solo otra vez a casa. Aunque no sé cómo. Porque aquí, con tanto alboroto, nadie me hace caso. Es decir, hay muchas personas caminando de un lado a otro, chicos y chicas con mochilas colgando de sus hombros, uniformados de verde, uniformados de rojo, muchos señores curiosos. Pero no hay nadie que se detenga para decirme oye, Raúl, ya es tarde, te llevo a casa. Como siempre, nadie me ve. Nadie sabe que vine con el múrcido, ni nadie se da cuenta que desde hace rato estoy aquí, parado con las manos en mis bolsillos huecos, sin saber por dónde ir. Parado como lo que soy, un zonzo.

11 de marzo de 2009

Mundo Oso

Oso conversa con Pelota en la puerta del restaurante, al costado de la oficina del Carné.

Oso dice: Hola
Pelota dice: Hola.
Oso dice: ¿Qué hay de nuevo?
Pelota dice: Nada. Vine a comer algo al restaurante. A ver si así se me pasa el colerón.
Oso dice: ¿Colerón?
Pelota dice: Sí, colerón. Cólera grande. Lo opuesto de colerita.
Oso dice: ¿Qué pasó?
Pelota dice: Que fui a tomarme una foto para el Carné y me topé con un fotógrafo idiota.
Oso dice: ¿Cuál fue el problema?
Pelota dice: Nada, que el fotógrafo era un idiota. Yo necesitaba tomarme la foto de frente, según exigencia para el Carné, pero el muy idiota insistió en sacármela de perfil.
Oso dice: Incompetente.
Pelota dice: Y bruto, además. Fíjate, yo me colocaba de frente a la cámara, me arreglaba, sonreía, y él enseguida dale y dale con girarme entero hacia un costado.
Oso dice: Como a un reo fichado.
Pelota dice: Eso, como a un reo fichado.
Oso dice: Y finalmente, ¿cómo te la tomó?
Pelota dice: Pues cómo va a ser, de perfil.
Oso dice: Totalmente falto de criterio. O ciego.
Pelota dice: Lo peor de todo es que de seguro ahora no me dan el Carné.
Oso dice: Sí, lo más probable. Son muy exigentes ellos.
Pelota dice: Eso he oído.
Oso dice: A un primo mío se lo negaron por esterilidad.
Pelota dice: ¿Cómo así?
Oso dice: Dijeron que ese mal podía ser hereditario.
Pelota dice: Ah, bueno. Eso es grave.
Oso dice: Sí.
Pelota dice: Lo mío es más leve. Sólo una foto de costado.
Oso dice: Ni te creas. A otro vecino se lo negaron porque no lo pidió.
Pelota dice: ¿Sólo por eso?. Mmm, ya me preocupaste.
Oso dice: Capaz que te lo niegan.
Pelota dice: Me vuelve el colerón.
Oso dice: Se te pasará si comes algo.
Pelota dice: Que ya sean las tres para que abran el restaurante.

Y conversan así, Oso y Pelota, mientras esperan frente al restaurante. De rato en rato miran con impaciencia el vistoso letrerito que hay en su puerta: Cerrado: hora de refrigerio.

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9 de marzo de 2009

Club Masoq

Sostiene textualmente el estatuto fundacional del Club Masoq que "el dolor y el sufrimiento son el supremo origen de la felicidad". No se diferencia, en este punto, de otros grupos masoquistas que encuentran en el ejercicio del dolor una fuente de placer y de goce.
Tienen los Masoq, sin embargo, una particularidad: anhelan la Felicidad Total. Ergo, anhelan el Sufrimiento Absoluto. Y entienden que el Sufrimiento Absoluto solo puede encontrarse en su negación.
Se distancian así del hábito autoflagelante de los masoquistas comunes. Abominan su látigo y niegan su cilicio; rechazan el efímero goce de la mortificación del cuerpo, el dolor físico y la infelicidad mendicante. Antes bien, para sufrir en extremo, han optado por el radical extremo: negarse toda posibilidad de sufrimiento.
Los Masoq jamás se autoinfligen dolor. Huyen de él. Y, en lo posible, lo anulan. Alivian con presteza cualquier resquicio de incomodidad mental o física y sacian los sentidos y la comodidad del cuerpo con minuciosidad hedonista. Buscan la molicie y la descansada risa; halagan los músculos con el confort y el reposo. Todo el tiempo.
Esta actitud frente a la vida, el rechazo al dolor, que es su fuente de placer, los hace, desde luego, exponencialmente infelices.
Y, sin embargo, a veces, cuando reflexionan en su filosofía, caen en la paradójica cuenta de que finalmente, al negarse el dolor, sufren (mejor sería decir, gozan su sufrimiento)
Eso los apena. Otra vez.
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7 de marzo de 2009

Ay

Oso es de los que afirman tener una memoria principalmente perceptiva; descree de la simple repetición oral o mental de las palabras para asegurar su recuerdo y prefiere fijarlas en su memoria a través de una experiencia sensorial bien definida.
Así, en su intento por mejorar su rudimentaria noción del idioma quechua, ha iniciado un método que él llama "vivencial", que no consiste más que en repetir a viva voz cada palabra mientras experimenta el significado real del término escogido.
Hoy tuvo una clase centrada en la interjección AY.
Llevaba una vela encendida, una tachuela, un cubo de hielo y una película de miedo.
Me explicó que, en el quechua, esa simple interjección tiene, por lo menos, cuatro específicas variantes. Durante toda la tarde las escuché en forma intercalada:
- ¡Acacaw! : ¡ay, de calor!
- ¡Ananaw! : ¡ay, de dolor!
- ¡Alalaw! : ¡ay, de frío!
- ¡Achachaw! : ¡ay, de miedo!
Mañana revisará algunas palabras sobre temas culinarios. Pienso acompañarlo.
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5 de marzo de 2009

Niños de Pampas (diálogo real)

NIÑO 1: Anoche soñé que Diosito me hacía una gran fiesta, con payasos y todo, por mi cumpleaños.
NIÑO 2: Yo no soñé. A mí Diosito me hizo una fiesta, con payasos y todo, para mi cumpleaños.
NIÑO 3: Yo esta noche soñaré que Diosito me hace una fiesta, con payasos y todo, por mi cumpleaños.
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3 de marzo de 2009

Lluvia

- Son sus lágrimas de la Virgen –dice Ada-. Desde el cielo, la Virgen llora por la maldad de los hombres y sus lágrimas caen para recordarnos lo triste que se pone cada vez que hacemos pecados.
- Mentiras –corrige Eda-. Es su pichisito del niño. Yo sé que cada vez que llueve es porque el niño se desagua y su pichisito nos cae como una travesura. No es de tristeza, sino de pura travesura.
- Mmm –opina Ida-. Pueden ser sus lágrimas y su pichisito junto, todo a la vez. O por separado: sus lágrimas cuando es bien fuerte, su pichisito cuando es más suave, lluviecita.
- Ya, no sean zonzas, trillizas –tercia Oso, sereno, pontificador, sentencioso-: Ni lágrimas ni pichi, ni junto ni separado. Sean racionales, trillizas: la lluvia es el aire que suda de tanto calor que hizo todo el día.
- Aah –dicen las niñas.
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1 de marzo de 2009

Homofonía

Curiosa, por lo menos, resulta la inferencia que se obtiene al observar la semejanza fónica entre dos palabras quechuas que Oso ha aprendido en nuestra visita de retorno a Huancavelica: yuyay, traducida como recordar, y llullay, que significa mentir. En su alimeñado yeyismo, ambas, en realidad, resultan una sola pronunciación homofónica: yuyay.
Curiosa, sin embargo, la conclusión que se puede derivar, no sin malicia, de esa semejanza sonora: vincular recuerdo con mentira desde su concepción lingüística significa ya instalar la incredulidad, la duda, respecto de la verdad de toda reconstrucción mental de hechos pasados que hemos dado en llamar recuerdos. Suponer que este vínculo fuera cierto es aceptar que todo recuerdo es en sí mismo una mentira inventada desde la perspectiva de un presente escurridizo, y que recordar no es sino un acto de falsificación del pasado, la asunción antojadiza de la categoría de verdad para una de las tantas -infinitas- versiones posibles sobre la ocurrencia de un determinado suceso perdido en la eternidad sin memoria del tiempo.
Nada de lo cual resulta disparatado, dicho sea. "Después de todo -dice Oso-, los recuerdos y las mentiras se construyen con la misma materia que crea la ilusión de un vínculo falaz entre los hombres y las cosas: vanas palabras.
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27 de febrero de 2009

Club Discreto

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Se admite el derecho de reserva.

25 de febrero de 2009

Radio Huancavelica

Grandilocuente cuña radial, con voz engolada:
Radio Huancavelica, AM y FM, transmitiendo desde la otrora opulenta Villa Rica de Oropesa, Tierra del Mercurio, ciudad de Huancavelica
Reflexiva réplica de Oso:
- Uhm, "otrora y opulenta"…
Más reflexiva réplica aún, luego de una exhaustiva consulta al diccionario:
- "Otrora y opulenta", uhm..., epítetos igual de inoportunos que presentar a una mujer como “la antigua bella” o “la ex-curvilínea”, haciendo gala de que ahora es rematadamente fea o impresentablemente gorda.
Contra réplica radial, con voz jacarandosa:
- "¡Cosa delicada!"
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23 de febrero de 2009

Nubes

Habitualmente, Oso se pasaba las tardes tirado en la cama, panza arriba, mirando sin ver el blanco mal pintado del techo de mi cuarto. “Porque da lo mismo estar aquí que tirado afuera en el parque –se justificaba, aburrido-: Ver tu techo es lo mismo que ponerse a ver el cielo sin cielo de Lima
Desde hace unos días, sin embargo, desde que hemos venido a vacacionar a Huancavelica, ha cambiado el objeto de atención de su mirada, aunque no su posición supina: el cielo azul y las caprichosas nubes andinas son su gran entretenimiento ahora. Todas las tardes, luego de una suculenta comilona, coge una manta, la acomoda en el verde pasto del patio y se recuesta por horas a observar nubes y más nubes en el cielo.
Fija la vista en el aire, se entretiene identificando animales y seres gaseosos en el cielo. No los simples, sino más bien aquellos que se debaten en inverosímiles situaciones y posturas. Así, en ocasiones grita de júbilo ante el descubrimiento de un enorme pato gris con las alas abiertas en pleno vuelo; de pronto afirma admirado que hay una pequeña hormiga paseando tomada de la pata con un manso burro norteño; más tarde se aterra ante un tigre con sombrero de copa parado sobre sus patas traseras, o suspira con el perfil brumoso de un animado cocodrilo recitando sonetos a una escanciada luna.

No sin algo de envidia, analfabeto del aire, cansado de no encontrar nada de lo que Oso ve en el cielo, yo le reclamo:
- ¡Cocodrilos recitando sonetos a la escanciada luna!, ¡tigres, hormigas, burros! ¡Ya quisiera yo que por una vez lo que vieras fuera una nube con forma de nube, Oso!
Él, preocupado, me mira:
- Uhmm -dice-, una nube con forma de nube.

Enseguida medita, lo piensa dos veces:

- Eso es muy difícil, Percy. No creo que pueda. Hay que tener mucha imaginación para lograr ver eso.
Y yo sé que no hay una sombra de burla en su respuesta, que es sincero.

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21 de febrero de 2009

Tren Macho

Llaman así al viejo tren que circula como una aguja que cosiera montes por entre los cerros que separan Huancavelica de Huancayo, en el Ande peruano. Es, en realidad, una pesada oruga que se arrastra serpenteando entre cúspides rocosas: una curiosa oruga naranja, igual que Oso.
Su lentitud y la impuntualidad de sus horarios son legendarias. Corre por ahí la conocida anécdota del campesino que camina afanoso a un costado de los rieles, cargando un pesado fardo de leña sobre sus hombros, y que al ser avistado por el piadoso maquinista, éste detiene el tren y le ofrece llevarlo gratis hasta su destino. El campesino se disculpa con el maquinista: “Así nomás, gracias -le dice-, será para otra ocasión, sucede que ahora estoy apurado”.
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19 de febrero de 2009

Atardecer

Los niños, siempre los niños, nunca dejan de sorprenderme los niños, tantas veces me digo que el raciocinio y la inteligencia meditada pero allí siguen los niños, siempre dispuestos a ponerle dos cuernos al unicornio, a descubrir que la luna no es redonda sino cuadrada como un dado (dados redondos que dice Vallejo). Porque siempre me suceden cosas así con los niños, un estar tranquilo con la diaria horizontalidad de la rutina, y de pronto zás, el descuadre del espejo, la sensación de una repentina madurez idiota tocando el timbre de mi puerta. Como ahora por ejemplo, que descubro a Christian (de cuatro años, flaquito y lindo pelo ensortijado), acodado en filo de la ventana abierta de mi sala, observando con curioso detenimiento algún punto en el horizonte del cielo, y preocupado por si se fuera a caer (vivo en un quinto piso, ya se sabe), yo me acerco y le pregunto: “¿Qué miras?”, y él me responde: “Eso”, señalando en el horizonte unas nubes maravillosamente coloreadas de naranja, rojo y cenizo por la caída del sol en la tarde: “¿Qué es eso?”. Y, claro, qué se puede responder ante esto, uno no está acostumbrado a que le señalen una caída de sol con el dedo y le pregunten: “¿Qué es eso?”; de modo que todavía un poco conmovido por su fijación, admirado de su admiración, yo le respondo: “Ese es un atardecer”, mientras él se acomoda de brazos y mira con más detenimiento el cielo y menea la cabeza para afirmar: “Es muy lindo”, y a mí ya no me queda más remedio que callarme la boca y solamente quedarme a su lado para gozar del atardecer, en el fondo feliz y esperanzado, sintiendo que después de todo aún se puede vivir lo simple y bueno del mundo en los ojos nuevos de un niño. Pero ay del alcance de los ojos nuevos de un niño, ay de su endiablada pureza y ay de las puertas que abren con sus simples observaciones curiosas; luego de una compartida admiración de la tarde, con Christian acodado en el filo de la ventana y yo parado a su lado con el pretexto de la protección adulta, mi admiración y esperanza se tornan en sorpresa, en incredulidad, en torpe angustia, cuando regresando hacia mí sus ojos perdidos en el horizonte se vuelve de pronto y me dice con su sabia voz de cuatro años crecidos en el tiempo: “El atardecer parece un recuerdo”.
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17 de febrero de 2009

Club Anónimo

¿Mito o realidad?
La existencia del Club Anónimo es un misterio para el lego y un motivo de controversia para los especialistas. Dada su naturaleza, nadie conoce la identidad de sus miembros. Pero se sabe –o se supone- que los tiene.
La leyenda afirma que suelen caminar por las tardes en cualquier calle de cualquier barrio de cualquier ciudad. Se dice que van a catedrales, a sinagogas, a pagodas, a mercados, a estadios, a bares y a discotecas, como cualquier otro mortal. Se dice que tienen una Junta Directiva y un Estatuto Oficial. Se sabe que tienen muchas reglas flexibles y un único imperativo fatal: ninguno de sus miembros debe conocerse entre sí. Se dice que profesan este mandato como la piedra angular de un firme credo.
A veces, sin embargo, cuando coinciden en un ascensor o cuando cruzan una acera al mismo tiempo, se presienten, se saben. Enseguida, con prisa, voltean al lado opuesto, cierran los ojos. Se diría que temerosos de descubrirse en el rostro ajeno. O quizá, simplemente, de perder sus membresías en el club. El resto del día tratan –sin éxito- de serenarse y seguir sus rutinas con normalidad.
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15 de febrero de 2009

KATTY

Yo le decía estás loca son quince metros nos caeremos, pero ella insistía no las ramas son fuertes y soportan nuestros pesos, de modo que había que buscar una soga o una escalera, trepar como changos hasta acomodarnos, acaballados, y terminar haciendo el amor en la copa de un árbol cualquiera.



11 de febrero de 2009

Aniversario

- ¿Me quieres?, ¿todavía me quieres, Daniel?
- Sí, mi cielo.
- ¿Cómo cuánto, Daniel?
- Mucho, mi cielo.
- Mucho, sí, pero ¿como cuánto?, ¿como cuánto me quieres, Daniel?
- Muchísimo, mi cielo.
- Muchísimo sí, pero ¿cómo cuánto?, dime, ¿cómo cuánto me quieres, Daniel?
- Como mierda, mi cielo.

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9 de febrero de 2009

Club Julieta

Extraño club de un solo conocido socio: Romeo. Se emparenta con otro extraño club (Club Romeo) de una sola conocida socia: Julieta.

Ambos tienen, sin embargo, una larga fila de ex miembros cuyos retratos adornan como fantasmas los pasillos de sus sendos locales.
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7 de febrero de 2009

ConsejerOso

Conejo, desesperado y confuso, busca consuelo y consejo en Oso.

Dice Conejo: La detesto, Oso, no puedo olvidar lo que Coneja hizo conmigo.
Dice Oso: ¿Algo muy grave, Conejo?
Dice Conejo: Gravísimo, Oso. Yo quería a Coneja. La veneraba. Pero ella me hizo daño y ahora la aborrezco.
Dice Oso: ¿Y qué piensas hacer al respecto?
Dice Conejo: No sé. Dejarla, vengarme de lo que hizo: matarla.
Dice Oso: ¿Quieres un consejo?
Dice Conejo: Un consejo hasta a un conejo, Oso.
Dice Oso: Sigue con ella, Conejo. Sigue con Coneja.
Dice Conejo: Eso sí que es imposible, Oso. Debo vengarme.
Dice Oso: Sigue con ella, Conejo.
Dice Conejo: ¿Seguir con Coneja? Ya te lo dije, Oso, eso es imposible. Al contrario, si he pensado en vengarme, en matarla.
Dice Oso: Por lo mismo, mi consejo es que sigas con ella, Conejo.
Dice Conejo: No entiendo…
Dice Oso: La mejor manera de matarla será dejarla vivir sin ser lo que era.
Dice Conejo:
Dice Oso: Porque lo que sigue siendo ya nunca es lo que fue.
Dice Conejo: Ah, claro...
Dice Oso: Porque tú sabrás que ya fue y ella creerá que todavía es, Conejo.

Dice Conejo:
Dice Oso: ...
Dice Conejo: ¿Quieres ir a tirar piedras al río, Oso?
Dice Oso: Sí.

Vanse.
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5 de febrero de 2009

Felicidad

Ella tiene los ojos tiernos y me quería como sólo pueden querer las ojos tiernos. Yo tengo el sexo podrido y la quería como sólo pueden querer los sexo podridos.
Inventamos la felicidad.
Desbaratamos el mundo real y rehicimos un país nuevo de los escombros. Ella con sus ojos tiernos, yo con mi sexo podrido.
Abrimos océanos y purificamos la tierra con sus aguas. Regamos olores de sándalo y de rosas en los aires mojados del invierno. Tendimos puentes de malvavisco entre los cerros solitarios de nuestras vidas. Creamos aves insomnes que trinaban en la eterna luz del día. Rehicimos calles, edificios, árboles, libros.
Inventamos la felicidad.
Sin embargo, olvidamos un solo gran detalle: reinventarnos a nosotros mismos. La felicidad no acepta seres de carne y hueso en sus dominios. Nos expulsó inmisericorde, a ella con sus ojos tiernos, a mí con mi sexo podrido.

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3 de febrero de 2009

Huaylash

Él, con ilusión de enamorado, le repitió al oído los versos que alguna vez escuchó en alguna parte:
Si fuera rico, te llenaría de joyas, adornos y perfumes de los más finos que hay. Pero soy pobre y solo te ofrezco mis sueños. Los he puesto a tus pies. Ahora pisa con cuidado, pues los puedes destrozar”.
Pero ella era huancaína. Un día oyó un huaylash de rompe y raja a todo volumen. La sangre le hirvió, el ritmo se introdujo en sus poros, los pies le cosquillearon... No pudo con su naturaleza de huancaína.
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1 de febrero de 2009

AmorOso

Decir siempre: "¿Qué es poesía?. ¿Y tú me lo preguntas? / Poesía... eres tú"
Decir siempre que el amor es lo más grande, lo más importante, lo único valioso, y decir siempre: "¿Qué es el amor? El amor... eres tú"
Oso opina que ya debería ser tiempo de que algún lúcido poeta reconociera la mano del jardinero, la luz del inventor, el ojo de la fuente, y dijera: "Vana necesidad de un espejo para conocer mi rostro / El amor, querida mía, el amor... soy yo"
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